La disolución de la filosofía como teoría del conocimiento ¿Ficción o realidad?

La disolución de la filosofía como teoría del conocimiento ¿Ficción o realidad?

El objetivo fundamental de la propuesta de Richard Rorty es la eliminación de la filosofía entendida como teoría del conocimiento. Para ello señala que la teoría del conocimiento es un modelo de relación entre el yo y el mundo, identificando tres modelos: el modelo pre-kantiano o platónico y cristiano, el modelo post-kantiano o fisicalista reduccionista y el modelo materialista no reductivo que él plantea. Cabe señalar que Rorty critica fuertemente al modelo post-kantiano pese a que los tres modelos tienen los mismos elementos constituyentes: el sujeto cognoscente y el mundo externo. El sujeto cognoscente es el que se encarga de aprehender la realidad externa fuera de él, a partir de tener un objeto de conocimiento del cuál obtiene sus características a través de la observación. Por otro lado, se encuentra el mundo externo donde se encuentra el objeto con el que se va establecer la relación cognoscitiva del sujeto, es decir, se parte de la idea de que existe una realidad externa al sujeto e independiente de ser percibida o no por este.

No obstante, Rorty plantea la disolución de esta forma de entender la filosofía a partir de dos críticas: una contra la concepción de la mente como espejo de la naturaleza y la otra contra el mencionado modelo post-kantiano. Respecto a la primera crítica se afirma que dicha forma de entender al conocimiento como una representación exacta de la realidad en nuestra mente es un error que nació en el siglo XVII con la confusión entre la justificación del conocimiento y las relaciones causales del mismo, estableciendo una relación entre personas y objetos y no una relación entre personas y proposiciones, confusión que fue considerada como la base de la epistemología. Precisamente, esta observación es extraída de una crítica de Sellars al mito de lo dado, crítica que se fundamenta en que el conocimiento del sujeto tiene una realidad lingüística, mientras que el mundo exterior presenta una realidad ontológica y por ende no lingüística. De allí que señalen que el conocimiento no se produce de los datos empíricos, si es que previamente no existe el concepto en nuestro lenguaje, es decir, que el lenguaje antecede a la experiencia. Sin embargo, este planteamiento de Sellars no refuta el hecho de que para que exista un conocimiento sea necesario una relación entre el sujeto cognoscente y el objeto, simplemente la afirma pero incorporando una nueva variable a esta relación que sería el lenguaje como intermediario entre los datos empíricos y los conceptos, lo que lo lleva a considerar su planteamiento de la comunidad lingüística.

En cuanto a la crítica al modelo post-kantiano, procederemos a presentar nuestras objeciones de acuerdo a las eliminaciones que Rorty hace de las distintas relaciones unidireccionales establecidas entre el sujeto y el mundo exterior, tales como: la relación de representación, relación de constitución y relación de verificación. Respecto a la primera relación, Rorty considera a la verdad en un sentido pragmático, es decir, como aquella norma de acción que por su utilidad o inutilidad nos determine que conocimiento es verdadero. Sin embargo, reemplazar la representación de la realidad por una norma de acción es un paso un tanto facilista, pues si partiéramos como señala Sellars de que la realidad del sujeto es lingüística mientras la realidad del mundo externo es no lingüística, podríamos replantear o redefinir la relación de representación de otra manera, no como una imagen o fotografía del mundo exterior, sino como una descripción del mismo y así se mantendría el concepto de verdad como correspondencia que es tan esencial para la ciencia.

Ahora bien, podríamos conceder a favor de Rorty el hecho de que existen niveles de conocimiento, tales como: el conocimiento vulgar, científico y filosófico, por lo que la concepción de verdad como norma de acción se circunscribiría dentro de un nivel vulgar de conocimiento o conocimiento cotidiano, pero no científico. Un ejemplo de ello puede ser la práctica de hervir el agua por cuestiones de salubridad, es útil porque evita que se contraiga cualquier tipo de enfermedad producto de beber agua no hervida, sin embargo, dicho conocimiento se obtuvo producto de una investigación en la cual a través de la experimentación se determinó que las bacterias morían a ciertos niveles de temperatura, es decir el planteamiento pragmatista resulta útil en un nivel vulgar del conocimiento pero no a niveles científicos.

Otra relación que Rorty elimina es la de constitución, dicha relación consiste en distinguir entre lo analítico y lo sintético, el esquema y el contenido, relación donde el sujeto impone su esquema al mundo. Esto es otra forma de abordar lo planteado por Sellars de las realidades contrarias entre el conocimiento contenido en la mente del sujeto y el mundo exterior. Sin embargo, desde la perspectiva de la ciencia este planteamiento puede llevarnos a cuestionar su clasificación en ciencias formales como la matemática o la lógica que responden a lo analítico y las ciencias fácticas como las naturales  que responden a lo sintético o a la verificación empírica, ya que al no existir distinción, no existirían tal clasificación, debiendo evaluarse que otras implicancias podría traer ello. En cuanto a la estructura del yo, si bien Rorty plantea su disolución junto con la relación de constitución, esto no quita el hecho de que el sujeto en la relación cognoscitiva imponga su esquema conceptual, la diferencia puede estar nuevamente en los niveles del conocimiento: puesto que a nivel del conocimiento vulgar su esquema nunca será puesto en duda (al menos no regularmente), por lo que el sujeto siempre impondrá su propio esquema al mundo exterior; en cambio, en el caso del conocimiento científico dicho esquema será considerado como un paradigma y hasta que las investigaciones científicas no demuestren que el paradigma es equivocado, este se mantendrá como una verdad vigente.

Finalmente, Rorty elimina la relación de verificación, considerando que no es necesaria la correspondencia entre el conocimiento del sujeto (de naturaleza lingüística) y el mundo exterior (de naturaleza no lingüística), ya que esta necesidad de coincidencia es producto de la relación de representación, vale decir de concebir a la mente humana como una imagen exacta del mundo exterior. Sin embargo, dicha posición no es aplicable a nivel del conocimiento científico, puesto que dicho conocimiento se obtiene a través del método científico, el cual parte de una hipótesis sobre el mundo exterior y su verificación con este mediante la experimentación y la observación. En otras palabras, el conocimiento científico se obtiene a través de un meticuloso procedimiento que le permite tener la certeza de que sus descripciones y explicaciones sobre las cosas y los hechos acontecidos en el mundo exterior son relativamente exactos, relativo en cuanto a que el objiciendum no puede ser conocido en su totalidad sino hasta el objectum.

De esta manera, podemos ver que la pretensión de Rorty de eliminar la filosofía como teoría del conocimiento a través de la destrucción del modelo post-kantiano, cuyos cimientos serían para él la metáfora de la mente como espejo de la naturaleza, nos llevaría a consecuencias negativas para el desarrollo del conocimiento del ser humano, pues el conocimiento científico nutre en cierta forma al conocimiento vulgar, debido que sus descubrimientos son adoptados por la comunidad no científica como prácticas o hábitos, en el mejor de los casos. De otro lado, los desarrollos de la ciencia también pueden llevar al desarrollo de la tecnología, la cual puede llegar a la comunidad no científica bajo la forma de productos como los celulares, los televisores, las computadoras, etc., que a la postre se mantendrán como herramientas o prótesis de los sujetos en función a su utilidad.

Sin embargo, otro aspecto a considerar es que el modelo materialista no reductivo de Rorty conserva dos elementos fundamentales en la relación gnoseológica: el sujeto y el mundo exterior. Cabe señalar que dichos elementos son constituyentes de una posición metafísica respecto a la esencia del conocimiento o la relación entre el sujeto y el objeto, dicha posición es el realismo y se encuentra dentro del ámbito de la teoría del conocimiento. Lo particular del realismo es que parte de la confianza en la existencia de una realidad externa al sujeto, sin ponerla en cuestionamiento. Esta posición filosófica establece que el conocimiento se produce como resultado de la interacción entre un sujeto y un objeto, asimismo, de esta correlación se desprenden que el conocimiento necesita de una verificación empírica que permita corroborar que nuestros conocimientos coincidan con la realidad, es decir que exista una correspondencia entre nuestros conceptos y el mundo exterior. Esto es lo que se llama la teoría correspondentista de la verdad, es decir que la verdad se entiende como justificación de un conocimiento, independientemente de que este tenga una naturaleza proposicional o lingüística.

Así, el modelo materialista no reductivo de Rorty, que aparentemente ha diluido a la filosofía entendida como teoría del conocimiento, estaría sostenido sobre un supuesto gnoseológico del realismo, puesto que afirma la existencia de un mundo externo independiente del sujeto que es la causa de su conocimiento proposicional o lingüístico, manteniendo la correlación entre el sujeto y el objeto, con la única salvedad que el criterio de verdad de los conocimientos es asociado a la red de creencias y deseos establecidos por su comunidad lingüística.

De esta manera, podemos señalar que la ciencia, la investigación científica y el conocimiento científico se sostienen en un supuesto gnoseológico denominado realismo, el cual se deriva en una teoría correspondentista de la verdad que resulta medular dentro del método científico. Sin embargo, en general, toda experiencia de un sujeto con el mundo exterior implica una relación entre ambos que afirma implícitamente este supuesto gnoseológico del realismo y el modelo materialista no reductivo de Rorty no escapa de ello, por lo que su pretensión de diluir la filosofía como teoría del conocimiento caería en una contradicción debido que inconscientemente parte de presupuestos gnoseológicos extraídos del campo que pretende disolver.

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