Hay un argumento moral para mantener simios grandes en los zoológicos

Hay un argumento moral para mantener simios grandes en los zoológicos

“Por supuesto, los zoológicos no pueden proveer a sus animales condiciones similares a los de un bosque virgen. Pero para los simios grandes en cautiverio, raras veces hay alternativas viables. Se estima que más de 4000 simios grandes viven en zoológicos de todo el mundo. La mayoría de las regiones donde son encontrados en su estado natural (…) son devastados por pérdidas de hábitats, guerras  civiles, la cacería y las enfermedades.”

Traducción que publiqué originalmente en El reflejo fragmentado


Esta traducción ha sido efectuada a partir del texto escrito por Richard Moore y editado por Sally Davies, que fue publicada en la página Aeon: http://aeon.co. Si deseas acceder a la entrevista original puedes hacerlo a través del siguiente enlace: https://aeon.co/ideas/there-is-a-moral-argument-for-keeping-great-apes-in-zoos


Autor: Richard Moore

Richard Moore es un investigador post-doctoral en la Escuela de la Mente y el Cerebro de Berlin. Su trabajo ha sido publicado varias revistas incluyendo Biología y filosofía y Conocimiento animal.


Me pongo temeroso siempre que alguien me pregunta por mi trabajo.  Yo soy un filósofo que trabaja en la pregunta por cómo evoluciona el lenguaje, respondo. Si ellos preguntan un poco más, les digo que yo trabajo con simios grandes[1] en el zoológico de Leipzig. Pero algunas personas, lo he descubierto, tienen grandes problemas con los zoológicos.

Muchos de los filósofos y primatólogos están de acuerdo con ellos. Incluso los mejores zoológicos fuerzan a los animales a vivir en espacios restringidos, dicen ellos, lo que significa que los animales deben estar aburridos y estresados de ser observados todo el tiempo. Otras críticas reclaman que los zoológicos están mal incluso si las criaturas no están sufriendo, porque ellos son mantenidos en cautiverio para el entretenimiento del ser humano en contra de su dignidad. Tales lugares ‘son para nosotros más que para los animales’, ha escrito el filósofo Dale Jamieson, y ‘hacen poco por ayudar a los animales que estamos llevando a la extinción’.

Pero quiero defender el valor de los zoológicos. Si, algunos de ellos seguramente deberían estar cerrados. Hemos visto esos terribles videos de simios solitarios o tigres acosando inútilmente sus jaulas en grandes centros comerciales en Tailandia y China. Sin embargo, hay animales que tienen una buena calidad de vida en muchos zoológicos, y este es un fuerte motivo para explicar porque deberían existir estas instituciones. He llegado a esta conclusión después de trabajar con simios grandes, y puede que esto no se extienda con igualdad a otras especies. No obstante, desde que los simios grandes son cognitivamente sofisticados y su comportamiento es como humanos, ellos ofrecen un fuerte estudio de caso para evaluar la moralidad de zoológicos en general.

La investigación que mis colegas y yo dirigimos no es nociva para los animales y, si sale bien, nos ayudaría a tener un mejor dominio de las diferencias cognitivas entre humanos y simios. Por ejemplo, nosotros hicimos un estudio con parejas de orangutanes en el que nosotros evaluábamos sus habilidades para comunicarse y cooperar para obtener una recompensa. Pusimos una bolita de banana para que un orangután pudiera verla pero no alcanzarla. El otro orangután podía abrir una puerta corrediza y empujar la comida a su compañero, pero no fue capaz de tomarlo por ella misma. Ellos lo hicieron bien (más no genial) cuando jugaban conmigo, pero cuando jugaban entre ellos se ignoraban la mayoría de las veces. Luego, realizamos un conjunto de estudios similares con niños de dos años de edad. Comparados con los simios, los niños estuvieron muy bien al obtener la recompensa (stickers) cuando jugaban con un adulto.

Tomando juntos estos estudios podemos decir algo sobre la evolución humana. A diferencia de los simios, los humanos son buenos en juntar sus talentos para lograr lo que ellos no pueden hacer solos.  No es que a los simios no les importe conseguir comida – ellos se frustraban uno contra otro cuando las cosas estaban llendo mal, incluso un orangután en particular les dio la espalda y comenzó a refunfuñar. Sin embargo, a diferencia de los humanos, ellos no parecen ser capaces de aprovechar su frustración para motivarse a sí mismos a hacerlo mejor.

Fuera del valor de la investigación, hay un argumento para los zoológicos en el terreno del bienestar de los animales. En los mejores zoológicos, como el de Leipzig, grandes simios viven en amplios recintos modelados a su hábitat natural, y son cuidados por los guardianes del zoológico quienes se preocupan por ellos profundamente. Extensos juegos de barras[2] los mantienen estimulados y previene el aburrimiento; también están ocupados con ‘enriquecedores’ puzles, que ellos pueden solucionar con herramientas para obtener comida. Los zoológicos reconocidos por los dos principales organismos de acreditación en Europa y Estados Unidos son evaluados rigurosamente y requeridos para formar parte de programas de educación y conservación. Y no hay evidencias consistentes de que los simios  que viven en recintos bien diseñados estén estresados o perturbados por la observación humana.

Por supuesto, los zoológicos no pueden proveer a sus animales condiciones similares a los de un bosque virgen. Pero para los simios grandes en cautiverio, raras veces hay alternativas viables. Se estima que más de 4000 simios grandes viven en zoológicos de todo el mundo. La mayoría de las regiones donde son encontrados en la naturaleza – orangutanes en Indonesia, chimpancés y gorilas en centro y oeste de África, bonobos in la República Democrática del Congo- son devastados por hábitats perdidos, guerras  civiles, la cacería y las enfermedades. Cerca de 880 gorilas de montañas restantes sobreviven, en dos pequeños grupos en el este llegando a la República Democrática del Congo, mientras que el hábitat de los orangutanes se ha reducido en un 80% en los últimos veinte años. Mientras algunos protectores del medio ambiente sueñan con devolver a los simios de los zoológicos a la naturaleza, pero la desaparición de los bosques significa que dicha alternativa es poco factible. Los orangutanes en Leipzig seguramente están mucho mejor de lo que ellos estarían intentando de sobrevivir en los bosques arrasados para abrir camino a las plantaciones de aceite de palma.

Desde que los simios de zoológicos no pueden ser devueltos a sus entornos naturales, los santuarios especializados son otra alternativa. Pero esto requiere extensas parcelas de terreno que sean seguras e inhabitadas por poblaciones existentes, y tales lugares son escasos. Como están las cosas, los santuarios están ahora luchando por sobrevivir porque ellos dependen casi exclusivamente de donaciones de caridad. Y la mayoría de ellos están llenos. En África e Indonesia, los habitantes son típicamente huérfanos que han sido tomados de los bosques por cazadores o trabajadores de palma aceitera, quienes matan muchos simios y secuestran sus crías para venderlas o mantenerlas como mascotas. Por otra parte, los santuarios están sobrepoblados con simios retirados de laboratorios o mascotas rescatadas. Estas instituciones carecen de la capacidad para recibir los miles de simios que actualmente viven en los zoológicos, y mucho menos del dinero que sería necesario para apoyarlos.

Dados los obstáculos y los grandes gastos que representa la reubicación de los simios, muy pocos lugares intentan hacerlo. Damian Aspinall de Parque de animales salvajes Howletts en Inglaterra dirige uno de los pocos programas que liberan gorilas regresándolos a su lugar natural. Tampoco sabemos realmente si los simios nacidos en los zoológicos poseen las habilidades que necesitan para sobrevivir, incluyendo la habilidad para recolectar diferente comida local, y el conocimiento de que plantas son comestibles. Simios jóvenes aprenden estas habilidades en estado salvaje mirando a los adultos que saben más y que se encuentran alrededor de ellos –pero esa es una oportunidad que los animales en cautiverios simplemente no tienen.

Ahora, todo esto no es necesariamente un argumento ético para continuar criando simios en zoológicos. Puedes argumentar que si no podemos salvar ahora a los simios en cautiverio, deberíamos por los menos cerrar los programas de crianza y dejar que las poblaciones existentes se extingan. Sin embargo, la crianza en cautiverio ayuda a preservar la diversidad genética de las especies en peligro de extinción. Más aún, investigaciones muestran que visitar los zoológicos hace a la gente más capaz de apoyar los esfuerzos en conservación –un efecto que es amplificado por más recintos naturalistas. Así los encuentros en primera persona en los zoológicos sirven para educar a los visitantes acerca de las increíbles vidas que llevan los animales, y para recaudar dinero para los programas de conservación natural.

Permitir que las poblaciones de simios en los zoológicos se marchiten asume –sin justificación- que sus vidas actuales son tan malas que no vale la pena vivirlas. Esto también los expone a causar daño. El aburrimiento es un riesgo real para los zoológicos, y hay una creencia extendida (aunque no está científicamente comprobada) que la presencia de niños lleva consigo tanto la curiosidad como la felicidad a las familias.  Grupos de edades mixtas crean dinámicas colectivas que son muy parecidas a las de la naturaleza. Sí nos preocupamos por el bienestar de los simios cautivos, deberíamos permitirles reproducirse – por lo menos en formas controladas.

Algún día, la proyección de regresar a los simios en estado de cautiverio a su hábitat natural o alojarlos en santuarios espacios con buen financiamiento,  puede ser realista. Actualmente, no lo es. En lugar de condenar zoológicos, deberíamos dedicar nuestros esfuerzos a apoyarlos: empujando a los malos zoológicos a cambiar o cerrar; financiando más investigaciones centradas en el bienestar de animales cautivos; y alentar a todos los zoológicos a luchar por hacer más por sus habitantes. De esa forma, tal vez, no necesitaré evitar contarle a los extraños lo que hago.


[1] El término original es great ape, que es utilizado para agrupar a los gorilas, orangutanes y chimpancés.

[2] La palabra original es jungle gym y hace referencia a estructuras con barras que son utilizadas por lo general por los niños para jugar trepándose sobre ellas.

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