Teoría general del conocimiento 3

Teoría general del conocimiento 3

-El origen del conocimiento-

El conocimiento, resultado de una secuencia de procesos psicológicos que se expresa a través del lenguaje y que es plasmado en proposiciones como: “todos los cuerpos son extensos” o “el sol calienta la piedra”. Sin embargo, ¿Cuál es su origen? ¿Qué fundamenta su validez? Estas son dos de las preguntas que Johannes Hessen expone al desarrollar el problema del origen del conocimiento en su libro.

Al respecto, debemos comenzar por hacer una aclaración en cuanto al significado del término conocimiento, pues hasta ahora Hessen lo entendía como proceso del conocimiento pero al abordar la problemática de su origen, él cambia la forma en que lo entendía pasando a identificarlo con el resultado del proceso, es decir ya no se centra tanto en la posibilidad de que el sujeto pueda acceder a la realidad, sino que cambia el foco de atención hacia cuál es la fuente u origen de los contenidos de nuestro pensamiento, de nuestro conocimiento.

Desde esa perspectiva, el autor nos presenta cuatro posiciones epistemológicas distribuidas entre dos extremos: la razón y la experiencia como fuentes del conocimiento. En función a ello sitúa al racionalismo y al empirismo a ambos extremos, mientras que el apriorismo y el intelectualismo los sitúa en el centro debido a que ambos consideran que el conocimiento es producto de la razón y la experiencia con la salvedad de que la primera se encuentra más cercana al racionalismo, mientras la otra más próxima al empirismo.

La primera de estas posiciones epistémicas es el racionalismo, que se caracteriza por identificar a la razón o el pensamiento como la fuente de todo conocimiento, razón por la cual se considera una doctrina exclusivista que considera únicamente como conocimiento verdadero a aquel que cumpla con ser lógicamente necesario y universalmente válido, dicha exigencia en parte se debe a que esta doctrina se ha visto alimentada por las ciencias ideales como las matemáticas, que  se caracterizan por ser conceptuales y deductivas. Asimismo, dicha doctrina se caracteriza por participar del dogmatismo metafísica que revisamos en el problema de la posibilidad del conocimiento, puesto que considera que es posible penetrar la esfera ontológica o metafísica a través del pensamiento.

A lo largo de la historia se han presentado diferentes variantes del racionalismo, así tenemos al racionalismo trascendental que encontramos en Platón y su teoría de las Formas donde la realidad verdadera es inteligible y se encuentra fuera del mundo sensible; otra versión es el realismo teológico de Plotino y San Agustín, donde las Formas y el espíritu individual son emanaciones del Nous cósmico o espíritu del universo, por lo que el conocimiento de las Formas se produce a través de la iluminación del espíritu humano por parte del espíritu absoluto o Nous cósmico que en San Agustín se identifica con el dios judeo cristiano; otra variante es teognosticismo que encontramos en Malebranche (siglo XVII) y en el ontologismo de Gioberti (siglo XIX) quienes afirman que la única forma de conocer las cosas es contemplando lo absoluto o el ser real absoluto en su actividad creadora; en la modernidad aparecería el racionalismo inmanente que encontramos en la teoría de las ideas innatas de Descartes y Leibniz, donde el primero afirmaría que algunos conceptos fundamentales serían innatos mientras que el segundo agregaría que dicho innatismo sería potencial como si fueran un germen debido que lo que es innato es la facultad de formar conceptos; por último el racionalismo lógico que separa el problema psicológico del lógico, centrándose en éste para buscar su validez en la conciencia general o el ser absoluto del que  se deriva los contenidos del conocimiento, de tal forma que produzca en la conciencia individual de los sujetos las ideas innatas.

En cuanto al empirismo, esta posición epistémica nos presenta a la experiencia sensible como la fuente de todo conocimiento, mientras que la conciencia del sujeto sería considerado como una tabula rasa donde la experiencia registra el conocimiento. Estas afirmaciones las sustenta con la observación de la evolución del pensamiento humano donde la experiencia es crucial para su desarrollo. Además, dicha experiencia se divide en dos partes: una interna (o percepción de sí mismo)  y otra externa (o percepción de los sentidos). Por otro lado, esta doctrina se ha visto influenciada por las ciencias naturales donde la observación y la experimentación son piezas claves para su desenvolvimiento. Asimismo, debido a que no considera posible penetrar la esfera metafísica u ontológica, el empirismo es considerado un escepticismo metafísico. No obstante, incurriría en una contradicción al aceptar la existencia de las matemáticas como conocimiento que no dependen de la experiencia.

Ahora bien, si revisamos la historia del empirismo encontraremos que la idea de la tabula rasa es recogida desde los estoicos, según afirma Hessen, pero no es hasta el siglo XVII que John Locke siente las bases del empirismo, identificando a las ideas (perceptions) como contenidos extraídos de la experiencia pero diferenciándolas entre simples (cualidades sensibles) y complejas (conjunto de cualidades sensibles), donde el pensamiento solo cumple la labor de organizar dichas ideas, con la excepción de las matemáticas que se fundamentan únicamente en el pensamiento; Luego, David Hume lo replantearía afirmando que las ideas (o representaciones de la memoria y la fantasía) son copias de las impresiones (o sensaciones vivas de la experiencia interna y externa), abandonando los conceptos de substancia y causalidad, y manteniendo a la matemática como un conocimiento independiente a la experiencia; otra variante es la de Etienne de Condillac, quien a diferencia de Locke y Hume el redujo la experiencia a la sensación (experiencia externa), por lo que su doctrina se denominó sensualismo; por último, Hessen considera a John Stuart Mill dentro de los empiristas señalando que éste supera a los filósofos precedentes al lograr que la matemática y la lógica tengan como fuente a la experiencia.

Respecto a la tercera posición epistémica, tenemos que ésta se denomina el intelectualismo, la que pese a que reconozca que el conocimiento tiene como base a la razón y a la experiencia, ésta se encuentra próxima al racionalismo al reconocer que existen juicios lógicamente necesarios y universalmente válidos pero con el agregado que estos están referidos a objeto ideales y reales, así como también conciben a los conceptos como productos de la experiencia y no como elementos a priori de la razón. De tal manera que mientras el empirismo reconoce que cada experiencia genera un contenido de conocimiento idéntico en el intelecto, el intelectualismo considera que los contenidos de conocimientos obtenidos por la experiencia son empleados por el intelecto para producir un contenido de conocimiento distinto. Los máximos representantes del intelectualismo son Aristóteles y Tomás de Aquino quienes conciben una distinción entre las representaciones intuitivas sensibles y los conceptos, proponiendo una explicación del proceso del conocimiento donde las Formas de la teoría de las ideas de Platón son colocadas en cada una de las cosas, razón por la cual requieren de un nous poiéticos (entendimiento real o agente) que las extraiga para registrarlas en un nous patheticos (entendimiento posible o pasivo) en Aristóteles, mientras que en Tomás el procedimiento termina siendo más extenso.

La cuarta posición epistémica es el apriorismo, que si considera la existencia de factores a priori como el racionalismo con la salvedad que éstas no constituyen contenidos del conocimiento, debido que dichos contenidos se obtiene de la experiencia sensible, razón por la cual esos factores constituyen formas a priori del conocimiento o condiciones de posibilidad del conocimiento. Así a diferencia del intelectualismo que es receptivo y pasivo, el apriorismo se caracteriza por ser espontáneo y activo en el proceso del conocimiento. Por otro lado, su máximo representante es Immanuel Kant quien considera que el conocimiento está conformado por materia y forma, señalando dos tipos de conocimientos dentro del proceso: la intuición y el pensamiento, de tal manera que las formas de la intuición sensible son el espacio y el tiempo que se encuentran en el interior del sujeto, mientras que las formas del pensamiento son las categorías, en ambos casos dichas formas organizan la información recibida.

Por último, Hessen analiza las posiciones extremas (racionalismo y empirismo) y las intermedias (intelectualismo y apriorismo) desde las esferas psicológica y lógica que se encuentran en el fenómeno del conocimiento. En cuanto a las posiciones extremas en relación a la esfera psicológica señala que ambas son refutadas por la psicología de la época puesto que ésta había demostrado que el conocimiento está constituido por contenidos intuitivos y no intuitivos, además de no haber encontrado forma de sostener la existencia de contenidos de conocimiento a priori. En cuanto a la esfera lógica, dichas posiciones extremas proporcionan dos soluciones respecto a la validez del conocimiento que consiste en tratar de forma diferente los contenidos de las ciencias ideales y las ciencias reales, que a su vez son identificadas por Leibniz como verdades de razón y de hecho, respectivamente. De otro lado, las posiciones intermedias en relación a la esfera psicológica, coinciden con la psicología de la época en cuanto a los factores racionales y empíricos que constituyen el conocimiento. Sin embargo, en la esfera lógica la única posición que satisface la pregunta por la validez del conocimiento es el apriorismo, pese a que al igual que el intelectualismo, reconoce la existencia de juicios lógicamente necesarios y universalmente válidos como el racionalismo, pero su diferencia radica en que el apriorismo es la única que no requiere establecer un supuesto metafísico-cosmológico (estructura racional de la realidad) ni realiza una construcción metafísico-psicológica (esquema de acto y potencia) como si lo hace el intelectualismo.

Johannes Hessen origen del conocimiento

Referencia:

Hessen, J. (1981). Teoría del Conocimiento. Recuperado de https://gnoseologia1.files.wordpress.com/2011/03/teoria-del-conocimiento1.pdf

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