Santa Claus y el problema del mal

Santa Claus y el problema del mal

“(…) aunque haya un número de razones que las personas dan sobre como ellos saben que no existe Santa, muchas de esas razones no son tan convincentes como primero parecen. Sin embargo, si colocamos el asunto en términos similares al problema del mal, entonces hay un camino más provechoso para pensar sobre cómo podemos saber que no existe Santa. Con suerte, este ejercicio es también un recordatorio de que los asuntos que pensamos que son mundanos u obvios, a menudo lo son menos después de un examen más detallado.”


Esta traducción ha sido efectuada a partir del texto escrito originalmente en inglés por Jimmy Alfonso Licon, que fue publicada en la página: https://philosophynow.org. Si deseas acceder al artículo original puedes hacerlo a través del siguiente enlace: https://philosophynow.org/issues/123/Santa_Claus_and_the_Problem_of_Evil


Autor: Jimmy Alfonso Licon

Estudiante del doctorado de Filosofía en la Universidad de Maryland, en la ciudad de College Park. Él trabaja principalmente en epistemología, metaética y santologia.


Hay muchos asuntos filosóficamente profundos implicados en Santa (Claus). Por ejemplo, podemos preguntarnos como sabemos que Santa no existe. Es decir, aunque parece obvio que no existe Santa, las razones que usualmente se dan para esta incredulidad son menos sonadas que lo que a menudo se aprecia. En este artículo quiero explorar un argumento contra Santa que comparta un número de características con el problema del mal que posee un gran problema teológico. Este argumento contra Santa es una manera en que nosotros podemos saber que él no existe, pero sin las mismas vulnerabilidades que las habituales razones tienen.

Malos argumentos contra Santa

Primero, vamos a examinar algunas de las razones habituales que las personas ofrecen para pensar que no existe Santa.

Algunos dicen que refutar la creencia de Santa es un asunto simple de visitar el Polo Norte y buscarlo a él. Pero allí no habría Santa para ser encontrado. Sin embargo, podría ser que el taller de Santa esta disfrazado para evitar su detección, incluso por los métodos más sofisticados; después de todo, Santa es supuestamente capaz de hacer todo tipo de otras extraordinarias cosas. Entonces, incluso si Santa residiera allí, él no sería fácilmente detectado.

Otros dicen que sería imposible para Santa entregar los regalos a los niños de todo el mundo dentro del espacio de una sola noche. Esto es solo una dificultad si pensamos que Santa es un humano ordinario. Pero eso no puede ser correcto. Santa no puede ser meramente humano; después de todo, él cuenta con ¡renos voladores para el transporte! Si Santa tuviera extraordinarios poderes, entonces él sería capaz de entregar los regalos, en todo el mundo, en un corto tiempo. Podemos por ejemplo suponer que Santa tiene la habilidad de aminorar el paso del tiempo.

Otras personas opondrían que claramente, guardianes y miembros de familia provean los regalos que vienen en Navidad. Desafortunadamente, mientras ellos son a menudo responsables de comprar los regalos, esto es insuficiente para probar que todos los regalos vienen de ellos. Sin embargo, la afirmación no es que Santa es la única fuente de regalos en Navidad. Más bien, Santa es el único supuesto para ser la fuente de algunos regalos.

Entonces, aunque sabemos que no existe Santa, es menos obvio cómo sabemos que esto es así. Esta situación de no saber cómo tú sabes es poco común. Por ejemplo, tú sabrías que lloverá en la mañana, pero sin tener ninguna idea de porque irá a llover. Pero después de revisar el problema del mal, argumentaría que un problema similar provee una buena razón de cómo sabemos que no existe Santa.

El problema del mal

Los filósofos desde Epicuro (341-270 a.C.) han luchado con el problema de sí es posible reconciliar la existencia del muy extendido y terrible mal (plagas, torturas, genocidios, etc.) con la existencia de un todopoderoso, perfectamente benevolente dios.

Los ateos sostienen que el sufrimiento innecesario es una buena razón para dudar que haya un dios todopoderoso, perfectamente bueno. Pero los teístas tienen un número de respuestas al problema del mal. Algunos argumentan que el sufrimiento es el producto de que las personas ejerzan su libre albedrio; después de todo, sí los humanos tienen la habilidad de elegir entre buenas y malas acciones, entonces algunos de ellos elegirían hacer el mal. Y porque la habilidad de elegir, incluso si la elección es el mal, es enormemente valiosa, dios no debe interferir; Sí él lo hace, entonces minaría el valor de hacer buenas elecciones libremente. Por ejemplo, pensamos que las personas que son forzadas a hacer lo correcto no son moralmente dignas de elogio; ellas solo son dignas de elogio sí pudieran elegir hacer el mal, pero eligen el bien en su lugar.

La esencia principal del problema implica la existencia de muchas instancias de sufrimiento que no parecen hacer un poco de bien a nadie. El famoso filósofo William Rowe dio este ejemplo: “Supongamos que en algún bosque, hay un cervatillo que ha sido golpeado por rayo. Ella yace en el suelo del bosque por un par de días en agonía, hasta que la muerte alivia su sufrimiento.” (‘El problema del mal y algunas variedades del ateísmo’. American Philosophical Quarterly 16 (4), 1979). Sí es un dios perfectamente bueno, entonces esto estaría en su naturaleza para impedir el sufrimiento innecesario; y sí él es todopoderoso, entonces él sería capaz de impedirlo. Entonces, ¿Por qué él no lo hace?

El problema del mal es solo un misterio sí hay una persona como dios. El problema que exploramos en la siguiente sección tiene una estructura similar: es solo un misterio porque allí hay un vasto número de niños buenos que no reciben regalos para nada sí realmente hay una persona como Santa.

Santa y el problema del desierto moral

Debemos comenzar con la naturaleza esencial de Santa; Es decir, las propiedades que un individuo debe tener sí están calificados como Santa. Una propiedad esencial verosímil de Santa es que él distribuye los regalos sobre la base del desierto moral. Cuando los filósofos usan el término “desierto moral”, ellos quieren decir que las personas merecen algo basado en sus acciones. Por ejemplo, es verosímil que alguien que roba un banco merezca ser castigado: hay un sentido en que ellos se han ganado su castigo. Entonces, es también verosímil suponer que una propiedad esencial de Santa es que él recompensa a los niños buenos con regalos, pero no recompensa a los niños traviesos. Hay alguna evidencia para esta sugerencia en la cultura popular, por ejemplo, en la letra de la canción “Santa Claus llegó a la ciudad”:

“Él te mira cuando tú estás durmiendo; él sabe cuándo tú estás despierto. Él sabe si tú has sido malo o bueno, entonces se bueno por el amor de dios.”

Entonces, Santa es esencialmente alguien que entrega regalos a los niños basado en si ellos lo merecen. De ese modo, debemos esperar que la distribución de regalos que llega en la mañana de Navidad respetaría el desierto moral del destinatario si hubiera un Santa. Supongamos entonces que solo los niños malos reciben regalos. Este patrón injusto de distribución de regalos sería en sí mismo una buena razón para suponer que no existe Santa.

Sin embargo, allí hay una trampa. Si recuerdas, dije que parte de nuestra concepción de Santa es que él es responsable solo de algunos de los regalos que los niños reciben. Los niños en la lista de los traviesos no recibe regalos de él; y todavía muchos de ellos reciben regalos de todas maneras. Así que, respecto a la distribución de regalos entre los niños, hay un factor desconcertante: los padres que les dan regalos a sus niños, incluso si ellos son traviesos.

Para corregir este factor, debemos enfocarnos en si hay niños buenos que no reciben regalos para nada. Es decir, que pronosticaríamos que si Santa existe, entonces los niños buenos por lo menos recibirían regalos de él. Pero en su lugar encontramos que hay millones de niños buenos alrededor del mundo que no reciben nada.

Podemos formular el argumento como sigue:

A. Si existe Santa, entonces todo niño con méritos recibirá algo por Navidad.

B. Pero hay bastantes niños con méritos que no recibirán nada por Navidad. Entonces,

C. No existe una persona como Santa.

Problemas con el problema

Alguien puede responder que alrededor de la temporada de vacaciones es común encontrar en un centro comercial un Santa preguntando a los niños por lo que quieren por Navidad, sin considerar si ellos han sido malos o buenos. Esto podría implicar que entregar regalos a los niños porque son niños podría ser central para nuestra concepción de Santa. En ese caso, esto sería una dificultad para los argumentos contra Santa desde el desierto moral. Si parte de nuestra concepción de Santa es que él entrega los regalos indiscriminadamente, entonces el hecho que Santa no parece ser sensible al desierto moral no cuenta contra la existencia de Santa.

Sin embargo, otra característica de nuestra concepción compartida de Santa es que, tan solo en el caso del centro comercial, él indiscriminadamente pregunta a cada uno de los niños lo que quieren por Navidad. Santa es justo con cada niño que él encuentra, en que él les da un elección para que sientan que han sido escuchados, y tal vez es también una oportunidad para recordarles que ellos deberían ser buenos si es que ellos están esperando algún regalo de él. Pero se da cuenta que preguntar a los niños por lo que quieren, y realmente entregárselo, son cosas muy diferentes.

Quizás alguien más puede cuestionar que haya algo más sobre Santa que no entendemos, y él puede tener fuertes razones para no entregar regalos a algunos niños buenos. Es decir, aunque él usualmente entrega los regalos a los niños buenos, hay otras razones atenuantes que pueden desanimarle de hacerlo; sin embargo, porque Santa es tan misterioso, seríamos incapaces de comprender aquellas razones (algunos teístas dicen cosas similares sobre dios en respuesta al problema del mal).

Hay un par de problemas con esta objeción.

Primero, mientras los aspectos de nuestra concepción moderna de Santa permiten que él sea misterioso y mágico, esto no parece relevante para evaluar el problema del desierto moral.
Ese problema es constituido de dos componentes:

1. La predicción que haríamos si Santa fuera real respecto al patrón de distribución de regalos de Navidad entre los niños buenos basado en la naturaleza de Santa que respeta el desierto moral.

2. La evidencia empírica desde nuestra experiencia diaria que una predicción es falsa.

El apelar al misterio y la magia, incluso si es correcto, no debería hacer mucho para sacudir nuestra confianza en (1) y (2).

Segundo, Si el apelar al misterio y la magia fuera suficiente obligación para superar nuestra evidencia de (1) y (2), entonces también sería suficiente obligación para perder casi cualquier afirmación que podríamos hacer sobre Santa. Es decir, si él es tan misterioso que sus razones están más allá de la comprensión, entonces casi todo lo dicho sobre Santa sería infundado: en otras palabras, si no entendiéramos las motivaciones de Santa del todo, entonces es difícil decir algo sobre él sin la posibilidad que esto sea contradicho por algo que no sabemos. Pero nos parece que decimos toda clase de cosas sobre Santa. Entonces no hay mucha razón para tomar este tipo de objeciones seriamente.

En conclusión, aunque haya un número de razones que las personas dan sobre como ellos saben que no existe Santa, muchas de esas razones no son tan convincentes como primero parecen. Sin embargo, si colocamos el asunto en términos similares al problema del mal, entonces hay un camino más provechoso para pensar sobre cómo podemos saber que no existe Santa. Con suerte, este ejercicio es también un recordatorio de que los asuntos que pensamos que son mundanos u obvios, a menudo lo son menos después de un examen más detallado.

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