El problema del color

El problema del color

“Si los colores son propiedades “objetivas” de las cosas que existen independientemente de nuestra experiencia de ellos, entonces ¿Qué observadores y en qué condiciones perciben correctamente?  Decir que los humanos percibimos correctamente los colores de las cosas puede parecer chovinista y además ¿De qué humanos estamos hablando aquí?”

Esta traducción ha sido efectuada a partir del texto escrito originalmente en inglés por Keith Allen, que fue publicada en la página: https://blog.oup.com. Si deseas acceder al artículo original puedes hacerlo a través del siguiente enlace: https://blog.oup.com/2017/12/problem-of-colour/


Autor: Keith Allen

Keith Allen es profesor titular en la Universidad de York. Él es autor del libro “Una ingenua teoría realista del color”


Los colores son una característica familiar e importante de nuestra experiencia del mundo. Los colores nos ayudan a distinguir e identificar cosas en nuestro ambiente: por ejemplo, el color rojo de una baya no solo nos ayuda a ver la baya respecto al verde follaje, sino que también nos permite identificar algo como una baya. Los colores representan una amplia variedad de funciones simbólicas: el color rojo significa detenerse, el verde significa ir, el blanco significa rendirse. Ellos tienen asociaciones culturales y personales distintivas, y provocan un rango de respuestas emocionales y estéticas que son reflejadas en la ropa que llevamos, la forma que decoramos nuestras casas, y las elecciones hechas por diseñadores y artistas.

Pero aunque los colores son una característica familiar del mundo que percibimos, ellos son también profundamente misteriosos. ¿Qué son exactamente los colores? ¿Los colores existen?

Los colores parecen ser propiedades de las cosas en nuestro ambiente: manzanas, ropas, gatos, café, semáforos, etc. Lo que es más, es natural pensar en ellos como propiedades “objetivas” de las cosas, que existen independientemente de nuestra experiencia de ellos –propiedades, como las formas, que no existen solo porque nosotros los vemos, sino que existirían incluso si no hubiera nadie para verlos. En parte, esto es porque los colores, como las formas, exhiben “constancia perceptual”: aparecen para permanecer constantes durante los cambios en las condiciones en que son percibidos. Si enciendes una lámpara de escritorio en una habitación iluminada, los colores de las cosas que la lámpara ilumina no parecen cambiar normalmente, tanto la forma de la mesa normalmente no parece variar como cuando la ves desde diferentes ángulos.

Sin embargo, filósofos y científicos han pensado por mucho tiempo que los colores no son lo que ellos parecen. Existen dos razones fundamentales para esto.

En primer lugar, hay variaciones generalizadas, y a menudo dramáticas, en la percepción del color. Entre humanos existen varias formas de daltonismo; e incluso fuera de eso, observadores “normales” a menudo están en desacuerdo en la identificación del supuesto “color único”: ejemplos “puros” del color rojo, amarillo, azul y particularmente del color verde. Las variaciones en la experiencia del color entre miembros de diferentes especies parece ser incluso más pronunciado. Los humanos son típicamente sensitivos a la luz con una longitud de onda que está entre los 400-700 nanómetros, y poseen tres tipos de fotorreceptores en sus ojos. Otras especies, sin embargo, son sensitivas a la luz en diferentes espectros de longitud de onda, y difieren en el número de fotorreceptores que tienen en sus ojos. Por ejemplo, palomas y tortugas son sensitivas a la luz tanto en las regiones ultravioleta como en la infrarroja del espectro electromagnético; mientras que muchos mamíferos solo cuentan con dos tipos de fotorreceptores, las palomas y los peces de colores tienen cuatro tipos de fotorreceptores, algunas mariposas poseen cinco tipos de fotorreceptores por lo menos, y las langostas mantis parecen tener al menos doce de estos. Estas diferencias están presuntamente asociadas a diferencias en la forma en que las criaturas perciben el color.

Las diferencias en la percepción del color entre observadores y por otro lado entre las condiciones presentan un problema en la visión de que los colores, como las formas, son propiedades “objetivas” de las cosas en nuestro ambiente. Si los colores son propiedades “objetivas” de las cosas que existen independientemente de nuestra experiencia de ellos, entonces ¿Qué observadores y en qué condiciones perciben correctamente?  Decir que los humanos percibimos correctamente los colores de las cosas puede parecer chovinista y además ¿De qué humanos estamos hablando aquí?

El segundo problema que ha llevado a muchos filósofos y científicos a concluir que los colores no son en realidad como ellos parecen, trata sobre la relación entre los colores y las propiedades físicas de los objetos coloreados. Desde la revolución científica del siglo XVII, muchos han concluido que la ciencia “nos dice” que los objetos físicos no están realmente coloreados, o por lo menos no en la forma que normalmente suponemos. En un escrito de 1623, por ejemplo, Galileo afirmó que los colores son “nada más que simples nombres en lo que respecta al objeto en que los ubicamos… (Los colores) residen solo en la conciencia. De ahí que si la criatura viviente fuera eliminada, todas estas cualidades serían borradas y aniquiladas” (El ensayador). Las teorías de científicos modernos no explican las experiencias de los colores apelando a los colores de los objetos, pero en su lugar en términos de las disposiciones de los objetos para reflejar, refractar o emitir luz a través de diferentes partes del espectro electromagnético. La conclusión que muchos han esbozado es que o necesitamos identificar los colores con las propiedades físicas de las cosas que causan nuestras experiencias de los colores, o admitimos –como Galileo- que los colores no existen.

Pero ¿Esto puede ser realmente  correcto? Centrándonos en un color en tu ambiente inmediato y preguntándote a ti mismo si esto puede realmente ser solo una cosa imaginada en tu mente, o en el mejor de los casos radicalmente diferente a la forma en que aparece. Lo que es más, el color es posiblemente sólo el delgado extremo de la cuña. Una de las razones por la que los colores son filosóficamente interesantes es que ellos proveen una ilustración de los problemas generales que surgen en el pensamiento sobre la “imagen manifiesta” del mundo, o el mundo en tanto aparece ante nosotros como sujetos conscientes. No sólo los colores están bajo amenaza. Problemas similares surgen de propiedades estéticas como la belleza, de propiedades morales como el bien y el mal. Incluso de lo que los filósofos han llamado tradicionalmente “cualidades primarias” como la forma y el tamaño. ¿Puede realmente ser el mundo tan radicalmente diferente de la forma en que este aparece? Si queremos aferrarnos al mundo conocido de la experiencia, entonces necesitamos mirar nuevamente el color.

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