Todo lo que sabes sobre el evangelio de Pablo es probable que esté equivocado

Todo lo que sabes sobre el evangelio de Pablo es probable que esté equivocado

«Una larga historia de lecturas erróneas – especialmente de cartas a los Romanos- ha creado un impresión de las preocupaciones teológicas de Pablo totalmente ajenas a su mundo conceptual de tal manera que el verdadero Pablo apenas ocupa algún lugar en toda la memoria cristiana.»

Esta traducción ha sido efectuada a partir del texto escrito originalmente en inglés por David Bentley Hart y editada por Sam Haselby, la cual fue publicada en la página Aeon: http://aeon.co. Si deseas acceder al artículo original puedes hacerlo a través del siguiente enlace: https://aeon.co/ideas/the-gospels-of-paul-dont-say-what-you-think-they-say


Autor: David Bentley Hart

Estudioso ortodoxo oriental de la religión, filósofo, redactor y comentarista cultural. Él está asociado al Instituto Notre Dame para Estudios Avanzados, y su último libro es “El Nuevo Testamento: Una traducción” (2017). Él vive en South Bend, Indiana.

Editor: Sam Haselby

Él es editor senior en Aeon e historiador. Él es autor de “Los orígenes del nacionalismo religioso norteamericano” (libro de tapa blanda, 2016)


El año pasado, cargué al mundo angloparlante con mi propia traducción del Nuevo Testamento, un proyecto que emprendí a pedido de mi editor en Yale University Press, pero con el que estuve de acuerdo casi al instante en que éste me fue propuesto. Había contemplado durante bastante tiempo intentar una traducción “subversivamente literal” del texto. Con el paso de los años, me había desilusionado de casi todas las traducciones estándar disponibles, y especialmente con las versiones modernas producidas por extensos comités de eruditos, donde muchos de ellos (en mi opinión) han estado predispuestos a hábitos teológicos heredados que los hacen ver cosas en el texto que realmente no están allí, y para no percatarse de otras cosas que definitivamente están. Los comités son asuntos insulsos, y tienden a reafirmar nuestras expectativas; sin embargo el mundo de la antigüedad tardía está tan lejos de nuestra propia expectativa que casi nunca es lo que esperamos.

Preguntó, por ejemplo, el promedio de cristianos norteamericanos –dice, algún presbiteriano genial que asiste regularmente a la iglesia y posee una nueva versión internacional de la Biblia- qué evangelio del apóstol Pablo predicaban. La respuesta caía a lo largo de líneas predecibles: que los seres humanos, soportan la culpa del pecado original y están destinado a un infierno eterno, que no pueden salvarse ellos mismos a través de buenas acciones, o haciéndose aceptables para dios; aunque dios, en su misericordia, envió al hijo eterno para ofrecerse por nuestros pecados, y la justicia de Cristo ha estado graciosamente imputada o impartida a todos los que tienen fe.

Algunos detalles pueden variar, pero no la historia básica, ciertamente, gran parte del lenguaje de los cuentos son reminiscencias de términos utilizados por Pablo, al menos como filtrado a través de ciertas traducciones convencionales; no obstante, es una fantasía. Esto supone elementos de la creencia cristiana tardía ausente en los escritos propios de Pablo. Algunos de estos (como la idea de que los humanos nacemos condenadamente culpables ante los ojos de dios, o que las buenas acciones no son requeridas para la salvación) se levantan desde una historia de traducciones engañosas. Otros (como el concepto de un infierno eterno de tormento consciente) son totalmente imaginados, atribuidos a Pablo sobre la base de alguna imagen equivocada de lo que el Nuevo Testamento en su totalidad enseña.

Sin embargo, las enseñanzas reales de Pablo, tomadas directamente de la lengua griega de sus cartas, no hacen énfasis en la culpa original ni a la justicia imputada (él no creía en ninguna de ellas), sino más bien en el derrocamiento de los ángeles malos. Una larga historia de lecturas erróneas – especialmente de cartas a los Romanos- ha creado un impresión de las preocupaciones teológicas de Pablo totalmente ajenas a su mundo conceptual de tal manera que el verdadero Pablo apenas ocupa algún lugar en toda la memoria cristiana. Es verdad que él aborda asuntos de “justicia divina” o “justicia legal”, y afirma que está disponible para nosotros solo a través de la virtud de la pistis – “fe” o “confianza” o incluso “fidelidad”. Pero para Pablo, pistis consiste en gran medida en obras de obediencia a dios y amor a los demás. El único erga, ‘obras’, que él está ansioso por afirmar que no hacen ninguna contribución a la santidad personal, son ciertas “observancias rituales” de la Ley de Moisés, como la circuncisión o las leyes dietéticas de Kosher. Aunque, esto significa que la separación entre judíos y gentiles ha sido anulada en Cristo, abriendo la salvación para todas las personas; esto no significa (como Pablo teme que algunos puedan imaginar) que dios ha abandonado su pacto con Israel.

No obstante, la pregunta de las leyes y la justicia divina, son preocupaciones secundarias. La esencia de la teología de Pablo es algo mucho más extraño, y se desarrolla en una escala mucho más amplia. Para Pablo, la presente era mundial está pasando rápido, mientras que otra era mundial diferente de la primera en todas las dimensiones –celestial o telúrica, espiritual o física- ya está amaneciendo. La historia de la salvación concierne a todo el cosmos; y ésta es una historia de invasión, conquista, expoliación y triunfo. Para Pablo, el cosmos ha sido esclavizado hasta la muerte, tanto por nuestro pecado como por el gobierno maligno de esas agencias “angélicas” o “demoniácas” que reinan sobre la tierra desde los cielos, y que tienen espíritus dominados bajo la tierra. Estos seres angélicos, estos Arcontes, a quienes Pablo llama: Tronos y poderes y dominaciones y fuerzas espirituales del mal en lugares altos, son los dioses de las naciones. En la carta a los Gálatas, incluso él insinúa que el ángel del Señor quien gobierna sobre Israel puede ser uno de ellos. Sea que estén caídos, amotinados o simplemente incompetentes, estos seres permanecen intratablemente entre nosotros y dios. Pero Cristo los ha conquistado a todos ellos.

Al descender al Hades y ascender nuevamente a través de los cielos, Cristo ha derrotado todos los poderes por debajo y por encima que nos separan del amor de dios, tomándolos cautivos en un tipo de procesión triunfal. Todo lo que ahora permanece es la consumación final de la presente era, cuando Cristo aparecerá en toda su gloria como conquistador cósmico, habiendo “subordinado” (hypetaxen) todos los poderes cósmicos a sí mismo –literalmente, habiéndoles “ordenado” adecuadamente “bajo” él mismo- y entonces retornará todo este imperio reclamado para su padre. Dios mismo, en lugar de intermediarios espirituales malvados o ineptos, gobernará el cosmos directamente. A veces, Pablo habla como si algún ser humano pereciera a lo largo de la presente era, y por momentos como si todos los seres humanos finamente estarán salvados. Él nunca habló de algún infierno para el tormento de las almas descarriadas.

Sin embargo, la nueva era –cuando la creación será glorificada y transformada en el reino de Dios- será una era de “espíritu” más que de “carne”. Para Pablo, estos son dos principios antitéticos de la existencia de las criaturas, aunque la mayoría de las traducciones tergiversan la antítesis como un simple contraste entre el “espíritu” de Dios y la perversidad humana. Pero Pablo es bastante explícito: «la carne y la sangre no puede heredar el Reino.» Tampoco puede la psyche, el “alma”, el principio de vida o anima que le proporcione la vida a la carne perecedera. En la era por venir, el “cuerpo físico”, la forma de vida “animada” o “animal”, será reemplazada por un “cuerpo espiritual”, más allá del alcance de la muerte; aunque, nuevamente, las traducciones convencionales generalmente oscurecen esto al hablar de lo primero, vagamente, como un “cuerpo natural”.

La voz de Pablo, me apresuro en agregar, es apenas una voz excéntrica. También, el evangelio de Juan, por ejemplo, cuenta de un salvador divino que viene “desde lo más alto”, descendiendo del reino de Dios hacia este cosmos, derrocando a su Arconte reinante, llevando la luz de Dios hacia la oscuridad de nuestra cautividad, y “arrastrando” a todos hacia él mismo. Además, en diversos registros, también lo hacen la mayoría de textos del Nuevo Testamento. Como digo, es un mundo conceptual muy alejado del nuestro.

Y, sin embargo, sería insensato tratar de juzgar las afirmaciones espirituales del evangelio por cuan plausible encontramos que es la cosmología que las acompaña. Por otro lado, la antigua imagen de la realidad podría ser en muchos aspectos significativos más precisa que la nuestra. Y seguramente sería un error de categoría suponer que la historia del derrocamiento de la muerte y el pecado por parte de Cristo no puede expresar una verdad que trasciende las condiciones históricas y culturales en que fue contada por primera vez. Pero, antes de que decidamos algo sobre la historia, primero debemos recuperarla de las historias muy diferentes que con tanta frecuencia contamos en su lugar.

https://metrics.aeon.co/count/6eaa38ff-10d6-4de0-be21-372767fedd92.js

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