Sad Darsánas – Seis perspectivas sobre la realidad (Segunda parte)

Sad Darsánas – Seis perspectivas sobre la realidad (Segunda parte)

«Estos sistemas de filosofía parecen haber sido originalmente escuelas de pensamiento independientes, incluso a veces relacionándose polémicamente una con otra, sus adherentes discuten y critican unos a otros sus ideas y enfoques.»

Autor: Dr. Jeffery D. Long

Él recibió su doctorado en Filosofía de la Religión en la Divinity School de la Universidad de Chicago y es profesor de religión y estudios asiáticos en el Instituto Elizabethtown en Pennsylvania. Él es autor de los libros: “Una visión para el Hinduismo: Más allá del nacionalismo hindú”,” Jainismo: Una introducción”, y el “Diccionario histórico del hinduismo”.

Explorando los Sad Darsanas: muchas vistas, una visión

Los seis sistemas de filosofía de la India pueden ser categorizados aún más dentro de un conjunto de tres pares, basado en supuestos y afinidades compartidas. Esas parejas son: Samkhya con Yoga, Nyaya con Vaisesika, y Mimamsa con Vedanta. Las primeras comparten una cosmovisión (con una excepción, que discutiremos a continuación) y terminología común. Las segundas comparten mucho más en común que finalmente se fusionaron dentro de un solo sistema, conocido como Nyaya-Vaisesika. Los últimos, Mimamsa y Vedanta, comparten el hecho de que ambos están enfocados en la interpretación de los Vedas. Sin embargo, Mimamsa se enfoca sobre el antiguo karma-kanda, la parte de la acción de los Vedas que se preocupa principalmente en el ritual. El Vedanta se enfoca en el jñana kanda tardío, o la parte del conocimiento de los Vedas: los Upanisads. En los demás casos, del Samkhya y el Yoga, y del Nyaya y el Vaisesika, el primer miembro de cada par puede también se visto dentro de una relación de teoría a práctica respecto al segundo. Es decir, que hay un sentido en que Yoga es la aplicación del Samkhya, y el Vaisesika es la aplicación del Nyaya.

Estos sistemas de filosofía parecen haber sido originalmente escuelas de pensamiento independientes, incluso a veces relacionándose polémicamente una con otra, sus adherentes discuten y critican unos a otros sus ideas y enfoques. De nuevo, sin embargo, comenzando al menos a partir de Vacaspatimisra, los pensadores a lo largo del transcurso del último milenio han llegado a ver estos sistemas como complementarios y como reflexionando diferentes enfoques que no son totalmente incompatibles sobre dimensiones diferentes de una realidad compartida. Esto es conforme al Hinduismo como un sistema pluralista interno que permite diferentes enfoques e interpretaciones de la realidad para personas con diferentes inclinaciones mentales, parecido a los cuatro yogas presentados por Swami Vivekananda.

Samkhya es el sistema de pensamiento más antiguo, que se remonta al sabio Kapila (que fue nombrado a partir de la ciudad de la crianza del Buda, Kapilavastu). El Samkhya es dualista. En otras palabras, afirma que hay dos tipos fundamentales de cosas que crean la realidad. Estos son purusa, o espiritu¸ y pakrti, que significa naturaleza o materialidad. Hay tantos purusas como seres vivientes. Numéricamente son muchos. Su naturaleza, sin embargo, es única; y su naturaleza es pura consciencia. Los purusas observan pasivamente las operaciones del prakriti activo, o naturaleza material. El Prakrti está en movimiento constante, y oscila a través de tres modos de ser, o gunas. Estos gunas o cualidades son conocidos como sattvas, rajas y tamas. Rajas es la cualidad activa. Este podría ser traducido como dinamismo. Tamas es inercia. Sattva es un estado de equilibrio pacífico entre estos dos. Desde una perspectiva espiritual, ser tamásico es el peor estado para cultivar, en el que uno no consigue ningún progreso ni tiene algún interés en hacerlo. Una persona tamásica, en el que esta cualidad es predominante, podría ser llamado un “flojo”.  La predominancia de rajas causa un ser muy activo en el mundo: es un mejor estado que tamas, sin embargo, un estado en necesidad de trascendencia. El mejor de los gunas es el sattva, un estado de calma pero en alerta en el que uno puede ver la realidad con más objetividad que el estado de deseos conducidos por rajas y tamas. Aunque, incluso sattva debe ser trascendido; porque el objetivo final de la filosofía Samkhya es la liberación del purusa, que se ha quedado tan atrapado con las actividades de prakrti que se ha identificado falsamente con él. El ejemplo más obvio de esta identificación es nuestra identificación con el cuerpo físico, que en sí mismo es un fardo de prakrti.

El lector puede notar que no se ha hecho referencia en este relato del Samkhya al Isvara, el supremo ser. Esto es porque este sistema, al menos en la preponderancia de sus textos, no es teísta. Al respecto, Samkhya es muy similar al Jainismo, que es también una forma de dualismo que ve al universo como consistente de innumerables centros de vida y conciencia (llamado, en el Jainismo, Jivas en lugar de purusas) que se están esforzando por liberarse de la esclavitud de la materialidad (conocido como ajiva, el equivalente a pakrti en el Jaina). Como Andrew Nicholson ha notado, no todos los autores Samkhya niegan la existencia del Isvara (Nicholson 2010). Sin embargo, una comprensión del Samkhya como no teísta ha sido la perspectiva predominante en la mayoría de comentaristas eruditos en su tradición.

La afirmación (o no) de la existencia del Isvara es la diferencia principal entre el Samkhya y el Yoga, darsana con el que esta emparejado tradicionalmente. El Yoga afirma la existencia del Isvara, que define como un purusa que nunca ha sido atado al prakrti. El Isvara es un ser siempre libre; y la contemplación del Isvara (Isvarapranidhana) es una de las prácticas que el sistema Yoga  elogia para el logro de la liberación.

El Yoga, como mencioné anteriormente, podría haber sido como una práctica que se construye sobre la teoría de la naturaleza de la realidad del Samkhya. El darsana del Yoga acepta la cosmovisión del Samkhya, pero agrega a esta perspectiva un sistema de práctica de ocho pasos u ocho miembros (astanga) con el propósito de liberar a purusa de prakrti.

Estos ocho pasos, enumerados por el sabio Patañjali en su Yoga Sutra, el texto raíz de este sistema, son yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi. Yama y Niyama son restricciones éticas que uno debe dominar antes de que uno comience el proceso de meditación. Los yamas son la no-violencia (ahimsa), decir la verdad (satya), no robar (asteya), autocontrol en todas las áreas de la vida, especialmente en el área de la sexualidad (brahmacarya), y la indiferencia (aparigrapha). Los niyamas son la pureza (sauca), la satisfacción (santosa), el ascetismo (tapas), el estudio, incluyendo el autoestudio (svadhyaya), y la anteriormente mencionada contemplación del Isvara (Isvarapranidhana). El asana es la postura en que uno practica la meditación.  Curiosamente, dado el complejo sistema de asanas que se desarrolla en el sistema relacionado del Hatha Yoga (y ampliado en la práctica moderna del yoga), Patañjali nos dice que el único requerimiento absoluto para la postura es que uno se encuentre en un lugar limpio y confortable y que uno mantenga la espalda recta (para ayudar a respirar). El pranayama es el control de la respiración. El pratyahara es el control de la respuesta de uno frente al estímulo externo. Así, uno se encuentra retirando gradualmente su atención e identificación de prakrti y dirigiéndolo hacia dentro, hacia purusa, que es la identidad real de uno. El dharana consiste en la concentración en un único objeto, que es la preparación para dhyana o meditación. La culminación de dhyana, es el samadhi, o la absorción completa en el objeto de la meditación: la purusa. El samadhi en sí tiene dos modos: el savikalpa samadhi, donde hay una conciencia residual de la distinción entre sujeto y objeto, y el nirvikalpa samdhi, donde esta distinción se ha ido totalmente. El practicante ahora es completamente uno con el purusa.

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