La caverna de Descartes

La caverna de Descartes. Paralelismos entre un filósofo francés y un filósofo griego (Parte 1)

«Sin embargo, el filósofo francés no postulará un racionalismo trascendental, como Platón, que lo lleve a pensar en una realidad más allá de la que puede percibir, sino que el planteará un racionalismo inmanente que consideraba una teoría de las ideas innatas.»

“(…) no seremos injustos con los filósofos que han surgido entre nosotros (…). Les diremos que, en las demás ciudades, aquellos que se han vuelto filósofos de modo natural no participan de los problemas de sus ciudades, porque surgen espontáneamente al margen de la voluntad de la organización política que hay en cada uno, y es justo que el que creció naturalmente sin deber a nadie su alimento no se esfuerce para pagar a nadie por su formación.” (República VIII, 520a-520b.)

Introducción

El siglo XVII en Europa fue para la filosofía el paso a una nueva etapa, un nuevo modo de entender el mundo, la ciencia, la sociedad y el ser humano. Dicha etapa es conocida como la Modernidad, donde la filosofía se encuentra en pleno proceso de cambio, un proceso que según el artículo del filósofo peruano Oscar García Zarate es reconocido como el giro epistemológico, donde lo ontológico va perdiendo importancia para dar paso a la ciencia tal y como la conocemos hoy en día. Es precisamente en este siglo donde aparecen las dos corrientes más importantes respecto a la teoría del conocimiento: el racionalismo y el empirismo, donde Rene Descartes será el máximo representante y fundador de la primera, convirtiéndose en la bisagra entre aquel periodo de transición que fue el Renacimiento (siglos XV y XVI) y la mencionada modernidad. Dicho giro epistemológico significo una nueva división dentro de la filosofía de aquel entonces, la separación entre religión y filosofía, aunque Richard Rorty señala que en aquella época ni Descartes ni ningún otro intelectual diferenciaban la filosofía de la ciencia.

Sin embargo, como veremos a continuación, el mencionado giro epistemológico que se inicia con René Descartes implicará cambios en las noción de conocimiento de la época, desafiando a la “filosofía de las escuelas” por la rigidez de su escolasticismo y el dogmatismo ante la opinión del maestro, Aristóteles. Es en este ambiente que Descartes emprende una de las empresas más productivas y de mayor relevancia para la filosofía, que dejará plasmado en una metáfora recurrente de antaño y de origen griego: el paso de las sombras a la luz, un proceso que se encuentra representado en el mito de la caverna de Platón.

La educación como punto de partida

En Francia, en la provincia de Anjou, existió una escuela jesuita conocida como el colegio Le Fleche, que fue, durante los años 1606 al 1612 aproximadamente, el centro de instrucción donde René Descartes pasó su adolescencia antes de ingresar a la Facultad de Derecho en Poitiers. Dicha experiencia para el filósofo francés no fue nada agradable pues, según lo señalado por Manuel García Morente en su traducción del Discurso del Método, la enseñanza que recibió Descartes se caracterizó por ser rígida y dogmática, así tenemos que el curso de filosofía duraba tres años y consistía en que:

«El primero se dedicaba al estudio de la lógica de Aristóteles (…). En el segundo año estudiábanse la Física y las Matemáticas; en el tercer año se daba la Metafísica de Aristóteles. Las lecciones se dividían en dos partes: primero el maestro dictaba y explicaba Aristóteles o Santo Tomás; luego el maestro proponía ciertas quæstiones sacadas del autor y susceptibles de diferentes interpretaciones.» (RBA, 1637, Pag.3)

Dichas interpretaciones y posteriores discusiones debían seguir necesariamente las reglas del silogismo, lo que hacía de la enseñanza escolástica algo de poco interés para el espíritu libre de Descartes, quien desarrolló una actitud negativa a este tipo de enseñanza, tal como podemos apreciar en la siguiente cita extraída del Discurso del Método donde afirma que «(…) advertí, con respecto a la lógica, que sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, (…) para hablar sin juicio de las que se ignoran, que para aprenderlas.» (AT, VI, 17)

Es así que, para el filósofo racionalista la educación de su época en vez de impulsarlo a saber más, lo llevan a abandonar el estudio de las letras y su carrera de abogacía, decidiendo enrolarse con las tropas protestantes de Maurice Nassau, príncipe de Orange, durante los años de 1618 al 1619. Aunque él no llegó a participar en ningún combate, llegó a conocer al médico Isaac Beeckman, quien será el responsable de despertar en él el interés por las ciencias.

Ahora bien, la actitud que tomará Descartes y otros autores de la época frente a la escolástica será de oposición y crítica férrea a sus dos pilares: el aristotelismo y el tomismo. Dicha crítica estaba dirigida contra el silogismo aristotélico y no sólo contra este sino contra el criterio de verdad empleado por la escolástica, que no es otro que apelar a la autoridad de Aristóteles o la Biblia. Ahora bien, frente a esta problemática él decidió seguir el camino que había dejado Platón: el racionalismo. Sin embargo, el filósofo francés no postulará un racionalismo trascendental, como Platón, que lo lleve a pensar en una realidad más allá de la que puede percibir, sino que el planteará un racionalismo inmanente que consideraba una teoría de las ideas innatas. Pese a esta diferencia, y aunque no encontramos fuentes que afirmen que Descartes haya accedido a los diálogos platónicos, ambas perspectivas presentan ciertos aspectos equiparables que resultan cuando menos sorprendentes.

Uno de estos aspectos equiparables lo encontramos en el mito de la caverna, así como en el símil del sol y el de la línea, donde se incide en una metáfora recurrente en Descartes y que está referida al paso de las sombras a la claridad por parte del filósofo. Claro está que si revisamos el mito de la caverna encontramos que dicho mito es utilizado para hablar sobre la naturaleza humana respecto a la educación y la ignorancia. Al respecto, Platón nos planteará en este mito que la educación <<sería una técnica de reorientación del alma, del modo más fácil y más eficaz para alterar la orientación previa, (…) >> (La República VIII, 518d) es decir que como veremos más adelante se trata de una educación que no se centra en una noción de conocimiento exclusivamente epistemológica sino que considera otros aspectos como la finalidad soteriológica y ontológica.

Así tenemos que el mito platónico comienza por presentarnos a los prisioneros de la caverna, quienes se encuentran sujetados por grilletes para que no puedan moverse y únicamente puedan percibir las sombras de las cosas que se encuentran detrás de ellos y que son trasladas por terceros, sin que aquellos se percaten de esto. Esta misma metáfora pareciera vivirla Descartes durante su etapa en Le Fleché y a lo largo de su vida frente a los rezagos de la escolástica que aún perdura en el siglo XVII, de tal manera que él en su diálogo Investigación de la verdad por la luz natural señala en los subtítulos que esta luz natural <<que completamente pura, y sin ayuda de la religión ni la filosofía, determina las opiniones que debe tener un hombre discreto sobre todas las cosas que pueden ocupar su pensamiento, y que penetra hasta en los secretos de las más curiosas ciencias.>> (AT, X, 495)

De esta manera, pareciera que la filosofía y la religión vigentes de la época y muy influenciadas por la escolástica constituyen para Descartes las sombras a la que estaban condenados a observar los prisioneros de la caverna, incluso podríamos identificarlo a él con estos prisioneros sin contar con alguien que lo libere y lo ayude a salir de la caverna como en el mito platónico, encontrándose totalmente solo en este laborioso proyecto donde el mismo se encuentra como: <<(…) un cautivo que tal vez gozaba en sueños de una libertad imaginaria, cuando comienza a sospechar luego que está durmiendo, tiene miedo de despertarse y se muestra indulgente con sus blandas ilusiones (…)>> (AT, VII, 23) Así, el inicia su salida de la caverna que le tocó vivir, la caverna de la educación escolástica que recibió, la caverna de la filosofía y la religión vigente en su época.

Bibliografia

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