La caverna de Descartes

La caverna de Descartes. Paralelismos entre un filósofo francés y un filósofo griego (Parte 3 y final)

«Elracionalismo inmanente de Descartes frente al racionalismo trascendente dePlatón significo una reducción de las pretensiones de la metafísica de suépoca, eliminando las fantasías platónicas de la existencia de dos mundos, quenos lleva a aceptar como verdadero un mundo inteligible sin mayor fundamento […]»

“(…) no seremos injustos con los filósofos que han surgido entre nosotros (…). Les diremos que, en las demás ciudades, aquellos que se han vuelto filósofos de modo natural no participan de los problemas de sus ciudades, porque surgen espontáneamente al margen de la voluntad de la organización política que hay en cada uno, y es justo que el que creció naturalmente sin deber a nadie su alimento no se esfuerce para pagar a nadie por su formación.” (República VIII, 520a-520b.)

El camino ascendente y descendente en Descartes y Platón

Hablar del mito de la caverna de Platón, es situarnos por lo general en un lugar comúnque nos interpretarlo como un camino de ascenso desde las sombras hasta laclaridad. Sin embargo, dicho camino de ascenso cognoscitivo, según el texto,implica, posteriormente de la contemplación de la Forma del Bien, el retorno ala caverna. Dicho retorno es señalado como un descenso gnoseológico pero con lasalvedad que todo lo analizas o percibes a partir de la visión de la Forma delBien y las demás Formas que han sido percibidas por la inteligencia o noús. Esto implica tanto en el filósofoque sale de la caverna como al que retorna, un malestar o disturbio en lavisión, sea por el cambio de la oscuridad a la luz o viceversa, pero en amboscasos se trata de una modificación en el alma racional, un cambio que setraduce en la modificación, incluso, del mismo modo de vida.

Ahora bien, René Descartes nos presenta también un ascenso cognitivo para luegollevar a cabo un descenso cognitivo al punto de inicio pero con una perspectivadistinta, al igual que el mito de la caverna con una salvedad y es que elfilósofo francés no busca una transformación o conversión en el sujeto, sinoque busca la fundamentación que no le proporciona la escolástica a la nuevaciencia. Es así que en su obra las Meditaciones Metafísicas se nos presenta uncamino de ascenso que no es otro que el proceso de la duda metódica, una duda radicalque consistirá en rechazar todo conocimiento que presente un atisbo de duda alser interpelado y aceptar únicamente aquel conocimiento que se muestre claro ydistinto. Dicho proceso comienza por un despertar, un tomar conciencia que élmismo afirma recordar diciendo que <<desde mis primeros años habíarecibido por verdaderas una cantidad de falsas opiniones, y que aquello quedespués he fundamentado sobre principios tan mal asegurados no podía ser sinomuy dudoso e incierto. >> (AT, IX, 13)

Sin embargo, dudar de todo el conocimiento era una tarea tan ardua que él mismo eraconsciente que no iba poder llevarla a cabo, por lo que decide buscar <<(…) los principios sobre los cuales se apoyaban todas mis viejas opiniones.>> (AT, IX, 14) y estos resultan ser los sentidos, pero ¿Cómo dudar delos sentidos sin ser tomado por loco? La respuesta a esta pregunta laencontrará él en el argumento del sueño, que precisamente lo lleva a no poderdistinguir la vigilia del sueño y finalmente, a dudar de toda la informaciónque provenga de los sentidos, es decir, del conocimiento sensible obtenido delas cosas, buscando << (…) cosas aún más simples y más universales queson verdaderas y existentes (…) >> (AT, IX, 15), búsqueda que lo lleva adesprenderse de los sentidos y con ellos de la idea de que posee un cuerpo,quedándose únicamente con la existencia de la realidad y el conocimientomatemático. Pero a este nivel, aparecerá un nuevo argumento: el argumento deldios engañador o del genio maligno, que servirá para terminar de dudar de laexistencia de la realidad externa, así como de las verdades de las matemáticas.Así este desprendimiento de todo conocimiento sensible y racional, así como detoda existencia material, simula la salida de aquel prisionero que menciona el mito y que comienza a contemplar la realidad verdadera.

No obstante, para Descartes antes de llegar a dicha visión noética era necesario dar un paso adicional, y es que el motivo que lo llevó a emprender tal camino de ascenso cognitivo fue la búsqueda del fundamento de las ciencias naturales y matemáticas, por lo que privado de todo conocimiento y privado de todo acceso al exterior toma conciencia de que él se mantiene pensando, sin importar si existe o no un genio maligno o un dios engañador y pese a su engaño hay algo que es innegable y eso es que él es pura actividad intelectiva, es << (…)una cosa que piensa, es decir, un espíritu, un entendimiento o una razón.>> (AT, IX, 21), así el alma deja de cumplir la función de ser el principio de vida, del crecimiento y la nutrición como fue durante la escolástica, tampoco es un alma o psykhe que  se divide en partes, sino que ahora es una unidad denominada res cogitans, una cosa que piensa, << (…) que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que también imagina, y que siente.>> (AT, IX,22) es decir que la mente del sujeto cartesiano es el espacio donde se presentan todas estas afecciones, pero en un sentido racional y totalmente separado de la experiencia, que se convertirá en la primera certeza de Descartes con la cual podrá reconstruir el edificio de la ciencia.

Después de esta primera certeza, Descartes recién hará mención a las ideas, las que clasificará en tres tipos: las que nacieron conmigo, las que vienen de afuera y las inventadas por mí mismo. Las últimas que se vinculan a los juicios y son puestas en duda pues presuponen la existencia de un mundo exterior, cuestión que ya se había abandonado anteriormente, por lo que este tipo de ideas son desestimadas junto con la noción de verdad como correspondencia. En cuanto a las otras dos, solo considera realmente verdaderas las primeras por estar en mi espíritu de forma natural e independientemente de mi voluntad, llegando a mí a través de la luz natural de la razón, pero ¿cuál es la procedencia de estas ideas innatas? La respuesta a esta pregunta la encontrará a través de una reflexión que hace sobre las ideas, donde encuentra que si viera a las ideas como modos de pensar, no cabrían diferencias entre las ideas; más si considera los contenidos de estas ideas, uno se percatará de que la idea de una substancia posee más realidad objetiva que la idea del accidente de una cosa, y entre las substancias la idea que posee la mayor realidad objetiva es la idea de Dios. De tal manera que a partir de ello y considerando un criterio causal, Descartes afirmará que tanto la causa eficiente de algo debe tener tanta realidad objetiva o más como su resultado, concluyendo que todas las ideas dependen de Dios y al ser él la substancia más perfecta entonces todas las ideas innatas que tenemos en nuestra mente se consideran verdaderas, es decir, totalmente claras y distintas.

Ahora, volvamos con aquel prisionero del mito que se encuentra maravillado de contemplar la realidad verdadera, la realidad de las Formas puras y que con dificultad alcanza a contemplar la más perfecta de todas las Formas: la Forma del Bien. Aquí, Platón en otro mito nos habla de una contemplación directa de las Formas, pero dicha contemplación lo realiza el alma incorpórea en el mundo inteligible, en un plano trascendente al mundo sensible donde vivimos. Descartes, en cambio, no contemplará las Formas puras en un plano trascendente sino que contemplará las ideas innatas que son claras y distintas, dentro de su propia mente, sin la necesidad de apelar a un mundo externo y menos aún a una realidad trascendente. Asimismo, en lugar de contemplar la Forma del Bien que en Platón producirá un cambio en su forma de contemplar el mundo, para Descartes será reemplazado por Dios, pero desprovisto de toda noción soteriológica reducido únicamente a cumplir la función de fundamentar la verdad de las ideas.

Es así, que aquel prisionero del mito, de quien no se cuenta cómo es que logra liberarse de sus cadenas, al haber contemplado las Formas puras y al mirar a sus compañeros de celda, siente compasión por ellos y decide regresar pero con una perspectiva distinta y apoyada en el conocimiento de las Formas. En cambio en Descartes este regreso a la caverna también implica un cambio de perspectiva y comienza por encontrar un medio por el cual no incurra en el error, y es que reconoce que el error tiene dos causas: el entendimiento y la elección o voluntad, de tal manera que dado que las ideas claras y distintas se encuentran en el pensamiento, para que nuestras acciones a nivel teórico sean correctas debemos restringir nuestra voluntad a nuestro pensamiento, es decir, que el error en nuestras afirmaciones se debería por exceder los límites de la razón, de nuestro pensamiento, por querer dar una opinión afirmativa o negativa sobre algún aspecto del que no tenemos un cabal conocimiento o al decir de Descartes: sin tener las ideas claras y distintas. Cabe señalar que dicha orientación no implica un cambio en el sujeto cartesiano solo es una orientación para desenvolverse al nivel del conocimiento en su sentido epistemológico. A partir de este criterio, comenzará a reevaluar todos los aspectos de los que había dudado, comenzando por las ideas de los atributos de las cosas que se fundamentan en las ideas innatas que se encuentran en mi espíritu, hasta encontrar que la existencia de Dios como algo permanente que le proporciona unidad a todo, es el fundamento de la verdad de toda la ciencia, ya que sin él el ser humano no podría tener una continuidad en el tiempo y viviría cambiando de opiniones cada cierto tiempo. Finalmente, retornará al conocimiento sensible pero haciendo la salvedad de que si bien los sentidos tienen un gran valor pragmático, esto no puede extenderse al aspecto teórico atribuyéndole un valor representacional, por lo que deben ser dejados de lado y emplear en su lugar el entendimiento.

Así, hemos dado revisión al paralelismo que hay entre el camino seguido por Descartes en sus Meditaciones y el mito de la caverna de Platón, y como el enfoque del racionalismo inmanente difiera del racionalismo trascendente. Sin embargo, es importante precisar que el mito de la caverna no se refiere al ascenso cognitivo de un prisionero que se libera por sí mismo de sus cadenas y que por su propio esfuerzo sale de la caverna y logra acceder al conocimiento más verdadero para luego regresar a liberar a los demás prisioneros. Sino que en realidad se trata de la narración de un descenso, del retorno a la caverna del maestro de Platón, Sócrates, y como aquellos prisioneros que no querían dejar de observar las sombras se oponen a él hasta llegar a matarlo. En parte, dicho relato lleva la necesidad de ser narrado de esa manera porque encierra un orden sistémico con otras teorías platónicas donde podríamos interpretar a la caverna como el cuerpo o soma que mantiene prisionera a nuestra alma o psykhe, y que como almas encarnadas solo podemos intuir la realidad verdadera pues únicamente percibimos el mundo sensible, la realidad aparente, y sólo los filósofos son los hombres que reencarnaron con una visión noética entrenada para recordar las Formas puras que se observaron en cuando todos fueron almas incorpóreas, y es en este reencarnarse que regresan a la caverna, pero por tener ideas diferentes a las establecidas en las polis griegas es que no son muy bien vistos e incluso son muertos como en el caso de Sócrates. Otra interpretación del retorno puede estar vinculada a la cultura de las polis griegas, donde el hombre libre se concebía como parte de una comunidad donde necesariamente debía participar activamente en la política y por ello mismo era necesario dicho retorno a la caverna para retribuir de algún modo a su comunidad.

Sin embargo, este no era el caso de Descartes, para él no existe la noción del alma incorpórea ni del alma encarnada como dos momentos en el proceso del conocimiento, tampoco se trata de dos planos o mundos donde el conocimiento verdadero se encuentre en el plano trascendente. Por ello, su propuesta fue un racionalismo inmanente donde el individuo o sujeto logra un desarrollo por su propio esfuerzo, sin deberle nada a nadie como en la cita inicial de este trabajo y por lo tanto no se ve en la necesidad de regresar a Francia a retribuir lo que ha aprendido sino que sosteniéndose en la riqueza familiar que le quedaba fue creando su propio camino y dedicándose a la investigación científica dentro de los parámetros de la época.

Por último, debemos señalar que si bien su obra filosófica utiliza la metáfora recurrente del paso de las sombras a la claridad y que el mito de la caverna representa en él el camino que utilizó para resolver un problema de índole metafísico: el problema del fundamento de la ciencia y agregaría que el de la realidad también. No podemos omitir que eso no significa que ésta haya sido la preocupación a la que Descartes le destinó el mayor tiempo de su vida pues (como se citó en Clarke, 1986) él es de la opinión que:

 << (…) no debe dedicar demasiado esfuerzo a las Meditationes ni a las cuestiones metafísicas, o darles un tratamiento elaborado en comentarios y similares. (…) Basta con dominarlas una vez de forma general y recordar después las conclusiones. De otra manera conducen a la mente muy lejos de las cosas físicas y observables y la hacen inapropiada para el estudio. >>

Conclusiones

  • Si bien la obra filosófica de Descartes se circunscribe dentro del ámbito de la metafísica, esa no fue su mayor preocupación sino que él estaba enfocado en las ciencias como lo demuestran otros trabajos en los que el invirtió su tiempo y esfuerzo. Por ejemplo, su famosa obra Discurso del Método originalmente fue el capítulo introductorio a una obra de corte netamente científico.
  • El giro epistemológico de Descartes cambia o modifica por completo el sentido de la metafísica de aquel entonces, pues mientras ésta era concebida como una finalidad soteriológica desde la antigüedad, para él esta rama de la filosofía se concibe en realidad como la base de la ciencia, como el fundamento de todo el conocimiento científico pero restringiendo su sentido original y reduciendo sus pretensiones originales.
  • El racionalismo inmanente de Descartes frente al racionalismo trascendente de Platón significo una reducción de las pretensiones de la metafísica de su época, eliminando las fantasías platónicas de la existencia de dos mundos, que nos lleva a aceptar como verdadero un mundo inteligible sin mayor fundamento y considerando otros presupuestos respecto a las nociones de alma, que no eran sostenibles en aquella época.
  • La metafísica cartesiana significó un cambio en el acto de conocer, pues mientras la ciencia o episteme contemplaba inicialmente un conocimiento que implicaba la modificación de la persona que conocía, con Descartes la ciencia pasa a tener un sentido distinto, abandonando toda pretensión soteriológica y centrándose únicamente en los aspectos epistemológicos cambiando el sentido del término ciencia y dándole su sentido actual y moderno de una actividad que nos lleva al descubrimiento de las leyes del mundo.

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