Giovanni Pico della Mirandola, filósofo y mago (Tercera parte)

«El Renacimiento Italiano significó una serie de cambios sociales, económicos y culturales a todo nivel para la Europa del siglo XV. También significó el comienzo de un viraje que posteriormente nos llevará al giro epistemológico.»

El Renacimiento Italiano

El ser humano tiende a ordenar sus pensamientos, sus ideas y crea sistemas con ellas, así todo conocimiento humano se torna discursivo, pues las ideas se plasman en palabras y la historia no escapa a ello. Por esa misma razón, la segmenta, la divide en compartimentos como si la historia del ser humano en el momento que ocurre fuera estática, fija, inmóvil pero desafortunadamente, la historia es dinámica y por esa misma razón su aprehensión absoluta es complicada, y cuando menos aproximada. Más aún en periodos de transición como el Renacimiento que muchos autores lo ubican entre los siglos XV y XVI.

Una primera perspectiva que tenemos es la del sacerdote Frederick Copleston, quien identifica dos etapas, una primera fase humanística que se caracterizó principalmente por un retornar, “(…) un renacer de la literatura y una devoción por la erudición y el estilo clásico, puede decirse que comenzó ya en el siglo XII, (…)” (Copleston, 1994, p.203), y que posteriormente implicaría también un retorno a la filosofía antigua. Sin embargo, aquí cabe hacer una apreciación, pues algunos consideran que en realidad la primera fase se habría dado en el siglo XV y correspondería al Humanismo, mientras que la segunda habría ocurrido en el siglo XVI y se identificaría con el Renacimiento. Pero dicha confusión, parte de una visión netamente cronológica, así Giovanni Reale y Dario Antiseri contraponen dos teorías respecto al Renacimiento:

La primera teoría es la de P.O. Kristeller que identifica al Humanismo con un movimiento meramente literario que estaba totalmente desconectado de la filosofía, por lo que solo llegaba a ser “un programa cultural y pedagógico (…)” (Reale y Antiseri, 1995, p.28). Su fundamento se encuentra en que “los studia humanitatis incluyen una disciplina filosófica, la moral, pero excluyen por definición campos como la lógica, la filosofía de la naturaleza y la metafísica, así como la matemática y la astronomía, la medicina, el derecho y la teología, (…)” (Reale y Antiseri, 1995, p.28). Razón por la cual él afirmará que la filosofía solo se encontraba en el aristotelismo renacentista que se desarrolló en Paris y en Oxford, pero no en Italia.

La segunda teoría es la de Eugenio Garín, quien observa que afirmar que no hay filosofía en los studia humanitatis es asumir una concepción previa de lo que es filosofía, es entender a esta última como un gran sistema de ideas, cosa a la que los renacentistas italianos se oponían realizando estudios de ámbitos más particulares dentro de las ciencia morales y las ciencias naturales, planteando una nueva filosofía que se basaba en el estudio filológico de los antiguos textos, llegando a redescubrir a los filósofos que ellos creían conocer desde la herencia adquirida de la Edad Media, a entrar en contacto directo con textos en su idioma original, ya sea de literatura o filosofía, pero en esa interacción descubrir el pensamiento antiguo, significó también descubrirse ellos mismos. Además, Garín afirma que “la aparición de los Signorie y el eclipse de las libertades políticas republicanas transformó a los literatos en cortesanos e impulsó la filosofía hacia una evasión de carácter contemplativo metafísico” (Reale y Antiseri, 1995, p.31).

Finalmente, Reale y Antiseri, concluyen que ambas visiones son complementarias, pues incluso el Aristóteles renacentista que era leído en Paris o en Oxford, no era el mismo Aristóteles escolástico sino que en aquellos lugares estaban accediendo a los textos de Aristóteles, sin ninguna interpretación que medie entre ellos y el autor. Por ello, ambos concluyen que no habría una diferencia entre Humanismo y Renacimiento, sino que en realidad se trataría de las caras de una misma moneda, de un mismo idéntico fenómeno. Es precisamente, en este movimiento que en la ciudad de Florencia Cosme de Médici, el Viejo, ordena la fundación de la Academia Platónica.

La Academia Platónica de Florencia

Los concilios que hubieron entre los años 1938 y 1944 como consecuencia del Cisma de Occidente, generó que del Imperio Romano de Occidente o Imperio Bizantino llegaran sabios como Jorge Gemistos Plethon (1355-1464), quien era un estudioso de la tradición neoplatónica y que al contactarse con Cosme de Médici, el Viejo, despierta su interés por esta doctrina. Es así, que a este último se le ocurre abrir en una villa de Carreggi una Academia platónica de Florencia, para ello busca a Marsilio Ficino para que sea el fundador y organizador de esta Academia en el año de 1462.

Dicha Academia se caracterizara por dedicarse a la traducción de textos de Platón y de otros autores neoplatónicos. Además de ello, el pensamiento forjado en esta escuela se caracterizara por ser una síntesis de diferentes doctrinas como el hermetismo o hermeticismo, la Cábala, el Orfismo, el Zoroastrismo y obviamente todo enmarcado dentro del Platonismo y Neoplatonismo. Tenían la idea de que existía una teología primigenia que podía sintetizar las diferentes religiones y las doctrinas paganas, dicha doctrina era denominada como la Prisca Theologia. Según lo que ellos creían dicha teología debió pertenecer a la antigüedad y creían que la encontrarían en tres autores: Hermes Trimegisto, Zoroastro y Orfeo.

Sin embargo, como señala Reale y Antiseri, los tres personajes que tenían cada uno sus propios textos: Hermes Trimegisto con el “Corpus Hermeticum”, Zoroastro con los “Oráculos Caldeos” y Orfeo con los “Mitos Órficos”, serían ficticios y no corresponderían al periodo que muchas veces ellos les atribuían, por lo que el cuerpo de creencias que construían a partir de ellos resultaba cuando menos inexacto. Así, Marsilio Ficino se encargó de fusionar el Neoplatonismo con el Hermeticismo de Hermes Trismegistos, mientras que Giovanni Pico siguió a su maestro y agregó al cuerpo teórico la Cábala hebrea. De tal manera, que “(…) el sincretismo entre doctrinas grecopaganas, neoplatonismo y cristianismo (…) se basa en gran medida sobre este enorme equívoco” (Reale y Antiseri, 1995, p.41) y es que Hermes Trismegistos es en realidad un seudónimo creado a partir de las similitudes entre el dios griego Hermes y el dios egipcio Toth, que utilizaron los paganos del siglo II y III d.C. para escribir una serie de doctrinas influenciadas a partir del platonismo medio, y que se consideraron como verdaderos textos de transmisión de la sabiduría egipcia durante la antigüedad tardía, hasta llegar a Bizancio de donde el Corpus Hermeticum regresaría a Europa, a la Italia renacentista, a las manos de Marsilio Ficino quien lo tomara como parte de su doctrina.

Un caso similar es el de los Oráculos Caldeos de Zoroastro, dichos textos se suponen que recogen la antigua sabiduría caldea y sería un texto cuyo contenido está referido a la magia y se creía que su autor era el primer profeta. Sin embargo, el autor del libro en realidad es Juliano “el Teúrgo”, denominación que hace referencia a “aquél que evoca (a los dioses) y actúa sobre ellos” (Reale y Antiseri, 1995, p.47), quien fue un contemporáneo a Marco Aurelio en el siglo II d.C. Lo mismo ocurre con los Himnos Órficos de Orfeo, que si bien si fue una tradición preexistente al Pitagorismo y el Platonismo, los textos que llegaron al Renacimiento eran falsificaciones que contienen doctrinas helenísticas como las estoicas. De esta manera, la Academia florentina que se caracterizó por ser una gran síntesis de diferentes doctrinas y por la búsqueda de la Prisca Theologia terminó sosteniendo toda su teoría metafísica en textos falsificados o que no se correspondían con la periodicidad que ellos creían.

Bibliografía

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  • Pico, G. (1978). Discurso sobre la dignidad del hombre Adolfo Ruiz, Trad.). Buenos Aires, Argentina: Editorial y Librería Goncourt.
  • Iturralde, I. (2015). Maquiavelo. De príncipes, caciques y otros animales políticos. Barcelona, España: Editorial Bonalletra Alcompas, SL.
  • Reale, G. y Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico. II Del humanismo a Kant (Juan Iglesias, Trad.). Barcelona, España: Editorial Herder.
  • Copleston, F. (1994). Historia de la Filosofía. Vol. III De Ockham a Suarez (Juan García, Trad.). Barcelona, España: Editorial Ariel.
  • Villoro, L. (1992). El pensamiento moderno. Filosofía del Renacimiento. México D.F., México: Fondo de Cultura Económica.
  • Romano, R. y Tenenti, A. (1980). Los fundamentos del mundo moderno. Edad Media tardía, Renacimiento, Reforma. (Marcial Suárez, Trad.). Madrid, España: Editorial Siglo XXI.
  • Garin, E. (1993). El hombre del Renacimiento. Madrid, España: Alianza Editorial.
  • Garin, E. (1984). La revolución cultural del Renacimiento. Barcelona, España: Editorial Grijalbo.

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