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Zoon Politikon

« Probablemente concebimos al político como alguien cuya conducta debe ser un modelo a seguir, como un dechado de virtudes que debe dedicarse a servir antes que servirse, pero esta imagen no necesariamente encuentra su correlato en la realidad.»

La política peruana ha sufrido otro terremoto esta semana, puesto que ahora la fiscalía solicitó la prisión preventiva de la ex alcaldesa Susana Villarán, una política de las filas de la izquierda peruana, quienes hasta ahora no habían tenido a ninguno de sus integrantes inmiscuido en algún escándalo de corrupción o casos similares. Sin embargo, este acontecimiento nos coloca en el centro de un escenario donde pareciera que ningún político, sea de derecha o izquierda, se salva a la hora de asumir un cargo público.

Pero ¿qué se supone que debemos esperar de un político a la hora de asumir un cargo público o más aún dentro de su misma actividad política? Esta pregunta nos enfrenta a nuestras expectativas respecto a su forma de conducirse, y es que todos los días escuchamos a periodistas y a la gente misma escandalizarse por las cifras que repartía Odebrecht a los diferentes grupos políticos para financiar la campaña de cada uno de sus partidarios que resultaban presidenciables en su momento.

Probablemente concebimos al político como alguien cuya conducta debe ser un modelo a seguir, como un dechado de virtudes que debe dedicarse a servir antes que servirse, pero esta imagen no necesariamente encuentra su correlato en la realidad. Hace varios siglos atrás, durante el renacimiento italiano, un filósofo nos mostró como era la política de aquel entonces y retrato al político de aquella época a través de la metáfora del centauro, un ser mitad hombre y mitad bestia, que por un lado era respetuoso de las leyes y por el otro era implacable contra sus enemigos, así esto implicará quebrar las leyes que tanto respetaba, se trataba de Maquiavelo.

El filósofo florentino partía de un presupuesto antropológico para definir al príncipe, presupuesto que consistía en considerar al ser humano como un ser que es malo por naturaleza, independientemente de las virtudes y vicios que tenga. Este presupuesto afectaba directamente la imagen que él tenía del político de su época o del príncipe, y es que si este era un ser humano tan igual que el resto de personas, este también contaba con vicios y virtudes propias, que no eran malas o buenas en sí mismas sino en la medida que atenten contra la teleología de sus acciones: mantener el poder.

Así, en nuestro tiempo presente y con la coyuntura política que vivimos, esta forma de entender al político cobra vigencia, puesto que estamos viendo como todo aquel que ha ocupado un cargo público sea el de Presidente de la República o el Alcalde de la ciudad de Lima, se ha visto implicado en todo el proceso de investigación que ha significado el caso Odebrecht, incluso aquellos que solo habían sido candidatos presidenciables en algún momento o que representaban una fuerza política desde sus trincheras.

Además, en el mundo político siempre resuena la frase: “salvo el poder todo es ilusión”, y tal vez, partiendo de un realismo político, esta frase resume el accionar que han venido desplegando nuestros políticos en los últimos treinta o cuarenta años, o peor aún, durante toda nuestra vida republicana. Y es que recordemos que en los últimos años algunos de ellos han tenido que enfrentar casos de falsificación de firmas para inscribir a sus partidos, clientelismo político a través de la entrega de bienes o la prestación de servicios a cambio de votos o de una participación activa en las denominadas portátiles, etc.

Si esto es así, ¿qué nos queda esperar de los políticos? Pues que actúen en función a una finalidad orientada al poder, es decir llegar al poder y mantenerse allí, y que como hemos visto eso no implica que sea una persona “virtuosa”, pues toda persona posee virtudes y vicios. ¿Qué nos queda exigirles? Pues que pese a sus virtudes y vicios personales, además de su orientación hacia el poder, que cumplan con la función para la cual han sido elegidos, que busquen el desarrollo de nuestro país, y si se descubre que incurrieron en algún ilícito penal, que respondan ante el poder judicial.

Aunque, probablemente, esto suene a aquella frase trillada durante cierta campaña política: “roba pero hace obra”, considero que contiene una pequeña diferencia, pues es una posición que parte del desengaño mismo, del abandono de los dualismos de izquierdas y derechas, del hecho que más allá de las ideologías que digan que tengan, hay algo que los políticos no pueden dejar de ser y eso consiste en ser humanos, y que independientemente de la problemática de la naturaleza humana, ellos no pueden negar que son sujetos de derechos y de deberes, así hayan alcanzado el poder temporalmente.

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